Justo cuando empiezo a sentirme parte de todo, se hace tiempo de irme.
Me gusta como el aire siempre huele a jugo de frutas y a una otra cosa que me
parece conocida pero no logro ubicar. Como si me recordara algo de lo que no
quisiera acordarme realmente. Me gusta la lluvia porque levanta y revuelve los
aromas, aunque las gotas sobre el agua suenan como pasos furtivos y casi
asustan en la noche.
A pesar de que he hecho muchas cosas, siento que me
quedaron muchas cosas por hacer. Me consuela saber que hice lo que vine hacer:
hacer yoga y tener una revelación. De hecho tuve dos, la primera es que extraño
ser parte de algo, como lo era en los tiempos en que escribía de veras y tomaba
parte en muchas cosas. La segunda es que debo dejar mi trabajo.
Haciendo yoga me sorprende ya no sentirme como una
principiante, darme cuenta de que, en efecto, ya no soy una principiante. Sé
que posturas puedo hacer y cuáles no, y se cual es el problema en las que se me
dificultan. También se que posturas a las que aún no llego ya estoy lista para
intentar y sé cuáles me quedan todavía muy lejos. Pero ya ninguna me asusta.
Entiendo mejor el yoga, y me entiendo mejor a mí en él.
Si no hiciera yoga quizás no habría intentado hacer
remo ni surf, pero el yoga me ha enseñado a confiar más en mi cuerpo y a
encontrar placeres en él que no conocía (además de los sexuales, en los que
también ayuda).
De regreso en mi hotel me acordé de S. y pensé que yo
también sufriría si estuviera enamorado de dos mujeres, y seguramente yo en su
lugar tampoco querría renunciar a ninguna, pero pediría por la sabiduría para
reconocer cual es la que me ama de vuelta.
Después del surf me volvió mi obsesión con ir a
Australia y pensé que Marco estaría decepcionado de saber que ya se me estaba
olvidando ese asunto. Pero ahora, ya sin Marco, ¿quién me va a cantar 'Leaving
on a Jetplane' antes de volar?
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