viernes, 31 de enero de 2014

The day of the rope

Yo también estaba pensando en la muerte esa mañana, sabes?
cuando supe el cuento de la cuerda, no podía quitarme de encima esa sensación de que todo está conectado

te mueres, y tu loco amor muere contigo
porque claro que escuché las historias
antes de conocer tu rostro
todos sabíamos de tu amor loco y nocivo
de como te robabas los nombres
y sabes? creo que todos te tenían un poco de envidia
creo que todos querían  ser amados hasta el suicidio
creo sobre todo,  que un poco dentro de cada uno
lo que en realidad querían era ser ellos quienes amaran hasta la desgracia

sabes? no eres el único poeta loco que he conocido
nos incentivan a estar un poco del otro lado
un poco fuera de la línea
y se les olvida
que estar loco mata

Nadie nos invita a ser felices
nadie nos regala un suéter
te mueres, y tu loco amor muere contigo

no eres el único poeta loco que he conocido
no eres, siquiera, el único poeta loco al que le he dicho que lo amo
pero quizás ahora te lo digo en serio
quizás ahora comience a decirlo en serio
ahora que quiero pedirte
que no te vuelvas un ejemplo
que no te los lleves a todos contigo
que sea tu silencio el sacrificio
por las vidas de todos los otros

viernes, 24 de enero de 2014

Leer a Vila-Matas me hace pensar en la muerte


Dice Vila-Matas que
Una conspiración de silencio se encargo de ocultar la locura de Sócrates 
Una conspiración de silencio sería lo peor que podría haber en mi contra,
ya lo decía Oscar Wilde:
"lo único peor a que hablen mal de uno es que no hablen de uno"
Yo se bien que moriré el día que callen las voces que me nombran
Quizás me de un infarto fulminante, quizás me pase por encima un doble-semi-remolque
pero yo sabré que fue el silencio lo que acabó conmigo
y si mi muerte es lo suficientemente cómica  o lo suficientemente trágica, por un segundo me dará consuelo saber que volveré a la boca de todos
que es el lugar donde mejor habito

miércoles, 15 de enero de 2014

Escribir que no se puede escribir también es escribir (reflexiones en torno al libro que leo para que no se me olvide que lo leo)

Todos conocemos a los bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo.
Pienso en uno particularmente, uno que acomodaba las palabras en su mente como si desarrollara formulas matemáticas cuyo resultado finalmente le parecía trivial, e indigno, y acababa no escribiendo nada. Pasaba todo el día inmóvil desarrollando estas operaciones poético-físicas de las que nunca hubo ni habrá evidencia. 

Hace tiempo ya que rastreo el amplio espectro del síndrome de Bartleby en la literatura, hace tiempo que estudio la enfermedad, el mal endémico de las letras contemporáenas, la pulsión negativa o la atracción por la nada.
Yo no lo rastreo, lo padezco vergonzosamente, doy patadas de ahogado para no hundirme en el total silencio pero el hecho es que  no escribo. Traduzco, finjo que escribo, sueño que escribo, pero no escribo una sola palabra digna.


Sólo de la pulsión negativa, solo de laberinto del No puede surgir la escritura por venir.
Pienso que Vila-Matas una vez más le dio al clavo. Pienso en esos jóvenes escritores que se hacían llamar poetas en las fiestas y llenaron la literatura de su porquería, y pienso en esos otros, (de los que seguramente hablaba  Bolaño) que renunciaron al título, que dejaron de escribir cuando se dieron cuenta de que todo estaba podrido, que se guardaron en el rincón de la edición o la corrección de estilo.  Pienso que en ellos estaba la literatura de mi generación, en ellos está la literatura de mi generación,  negada, escondida, sellada, y esta vez no hay  Pandora que abra la caja.

Copian, transcriben escrituras que los atraviesan como una lámpara transparente. No enuncian nada especial. No intentan modificar.
En esta frase casi pensé que hablaba de los malos traductores.

Vila-Matas cuenta la consabida historia de que Rulfo, cuando le preguntaban porque dejó de escribir decía: 'Es que se murió el Tío Celerino, que era el que me contaba las historias'. Dice también Vila-Matas que el pretexto de Rulfo para no escribir es su favorito de entre los pretextos de los escritores del No.  Pero yo creo que él entendió mal todo. Yo creo que Rulfo (como ya Vila-Matas sospecha) era un genio-copista pero estoy segura de que el Tío Celerino no es ningún pretexto y que el único y genuino escritor del No era precisamente el tío, que nunca escribió nada, que seguramente se negaba a hacerlo, y de quien no sabríamos nada de no ser por el gran plagiario de su sobrino.

El narrador del libro se reconcilia con la labor de copista, y al mismo tiempo yo me perdono un poco ser traductor porque 'Ser copista, además, es tener el honor de pertenecer a la constelación Bartleby'. Yo también soy un Bartleby...

hasta aquí por hoy






sábado, 5 de octubre de 2013

Mi educación comunista

Mi mamá no me decía que era lista, sino para puntualizar que había hecho alguna pendejada. Así decía 'como alguien tan listo puede hacer tantas pendejadas', y así yo sabía que yo era lista... pero incapaz de poner  mi astucia en práctica.

Mi mamá no es tan mal hablada como las demás mujeres de la familia, a lo mejor por eso sus 'pendejadas' me sabían tan amargas. Pintarme las uñas de azul, copiar en un examen de matemáticas, querer ir al cine sola con mis amiguitas los viernes, todo eran pendejadas. Y con los años se volvieron peores. Emborracharme, reprobar, irme de la casa a los 18.

Hay que darle crédito, gracias a esa educación férrea, nunca tomo una decisión sin estar absolutamente segura de que es rotundamente equívoca...

Cuando yo tenía 13 años, mi mamá y mi hermana mayor (que creció en la URSS así que no hay que culparla) me dijeron que mi inteligencia le pertenecía al Estado. Yo no sé si a esa edad yo sabía que era el Estado, pero alguna idea he de haber tenido porque el subcomandante Marcos ya estaba de moda. Y debió darme mucha angustia ya desde entonces, esta noción de retribución patriótica de la que fui a entender muy poco años más tarde, estudiando en una Facultad conocida por su 'militancia'.

Tampoco nadie me ha aclarado si mi inteligencia le pertenece al Estado Mexicano o a la Federación Rusa, teniendo dos nacionalidades como al parecer tengo, y tampoco sé que quiere el Estado con mi inteligencia, de la que además ya habíamos establecido que no sirve para nada.

Hay algo que mi madre no me reprochó nunca (y hasta ahora tampoco el Estado): Haber estudiado literatura. Mi madre, una de esas mujeres de su generación que se hicieron a si mismas a base de un feminismo fúrico (que no iracundo) ahora tan malentendido, sólo respetaba dos cosas: a su propia madre y a los libros. Y como única y edípica respuesta, yo crecí  adorando ambas cosas.

Yo amé así a mi madre, despreciando todo lo que a ella le parecía importante para sus hijas, los estudios,  el crecimiento profesional, la institución familiar...
Pero amando en lo más hondo a sus dos grandes paradigmas, la literatura y mi abuela (que en mi confundida mente infantil se hicieron una sola entidad ahora inseparable).

Así que estudié literatura y no amé a ningún hombre, (porque yo pensaba que eso era ser feminista) y pensé que cuando fuera grande el Estado y mi madre estarían orgullosos de mí y me darían las gracias por mis palabras (que por supuesto no sabía yo cuales eran pero sospechaba que llegarían un día y significarían todo)

Así que estudié literatura y nadie me lo reprochó nunca, salvo yo misma, porque si hay algo que me ha roto el corazón una y otra vez son las palabras, y si hay algo que claramente no se utilizar son las palabras, y si hay algo que sirve de medio a las pendejadas son las palabras y si hay algo que no le devolverá nada a nadie, ni le retribuirá nada a mi madre, ni me dará consuelo son mis palabras

Por eso mismo, y por mi educación comunista, este texto no le pertenece a nadie, y no termina nunca















sábado, 7 de septiembre de 2013

Visit Sayulita VIII-bis (paréntesis y punto final)

Crecí pensando que tenía un cuerpo torpe y débil y una mente capaz de llevarme a cualquier parte. Pero de un tiempo para acá me doy cuenta de que es mi cuerpo el que podría soportar cualquier cosa y mi mente la que me traiciona, con su capacidad de llevarme a los lugares más siniestros.

Mi cuerpo en cambio,  lo recibe todo, igual que lo deja ir.

Visit Sayulita VIII

Dejé 'olvidado' un vestido que ya es más bien un trapo y que he tenido por más de diez años. Me cuesta trabajo dejarlo aunque ya no le queda nada de prenda, porque todos los hombres que he amado me han visto con él: arreglada cuando todavía era bonito, y casi como pijama cuando dejó de serlo.

Dejo también los tenis que destruí esta semana en ida y vuelta de la playa y como tres kilos de piel, que me arrancó el sol tan de raíz que pensé que se iba a caer con todo y mis lunares, y con ellos, mi identidad. Pero debajo de la piel perdida sigo siendo una mujer lunar.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Visit Sayulita VII

Justo cuando empiezo a sentirme parte de todo, se hace tiempo de irme. Me gusta como el aire siempre huele a jugo de frutas y a una otra cosa que me parece conocida pero no logro ubicar. Como si me recordara algo de lo que no quisiera acordarme realmente. Me gusta la lluvia porque levanta y revuelve los aromas, aunque las gotas sobre el agua suenan como pasos furtivos y casi asustan en la noche. 

A pesar de que he hecho muchas cosas, siento que me quedaron muchas cosas por hacer. Me consuela saber que hice lo que vine hacer: hacer yoga y tener una revelación. De hecho tuve dos, la primera es que extraño ser parte de algo, como lo era en los tiempos en que escribía de veras y tomaba parte en muchas cosas. La segunda es que debo dejar mi trabajo. 

Haciendo yoga me sorprende ya no sentirme como una principiante, darme cuenta de que, en efecto, ya no soy una principiante. Sé que posturas puedo hacer y cuáles no, y se cual es el problema en las que se me dificultan. También se que posturas a las que aún no llego ya estoy lista para intentar y sé cuáles me quedan todavía muy lejos. Pero ya ninguna me asusta. Entiendo mejor el yoga, y me entiendo mejor a mí en él. 

Si no hiciera yoga quizás no habría intentado hacer remo ni surf, pero el yoga me ha enseñado a confiar más en mi cuerpo y a encontrar placeres en él que no conocía (además de los sexuales, en los que también ayuda). 

De regreso en mi hotel me acordé de S. y pensé que yo también sufriría si estuviera enamorado de dos mujeres, y seguramente yo en su lugar tampoco querría renunciar a ninguna, pero pediría por la sabiduría para reconocer cual es la que me ama de vuelta. 


Después del surf me volvió mi obsesión con ir a Australia y pensé que Marco estaría decepcionado de saber que ya se me estaba olvidando ese asunto. Pero ahora, ya sin Marco, ¿quién me va a cantar 'Leaving on a Jetplane' antes de volar?

lunes, 2 de septiembre de 2013

Visit Sayulita VI-bis (paréntesis en servilleta)

Me gustan los pueblos costeros donde la gente muestra su carne sin mayor ceremonia. En mi ciudad, la demasiada piel es una afrenta y ningun calor asfáltico la justifíca.

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El mes termina sin nuevas noticias. Empieza agosto, el mes de mi cumpleaños. Y odio a mis amigos ateos (y a mi propio escepticismo) porque sus voces en mi cabeza no me permiten creer que el universo me llenará de regalos sólo porque mi horóscopo lo dice.



jueves, 29 de agosto de 2013

Visit Sayulita VI

Después de un par de tropiezos (con el clima principalmente) volví al mar. Me gustó un feo de cabello chino y sonrisa familiar que eventualmente se acercó a hablarme. Descubrí que la familiaridad de su sonrisa se debía a que ya la había visto varias veces en el callejón de los artesanos.

Todo estuvo muy bien hasta que se levantó del agua para acomodarse el cabello y su gesto y su risa torcida me recordaron dolorosamente a Germán y su media sonrisa.

Me despedí y salí del agua.

Luego me preguntaba como hace la gente que lo deja todo y se muda a un lugar a empezar de cero para de veras empezar de cero, soltar el pasado y llenarse de gente nueva y amigos nuevos. Justo eso pensaba cuando de pronto ya estaba sentada en medio del instructor de remo y el desconocido de la bicicleta, hablando de surf. Así que supongo que es justo así que un día los desconocidos se vuelven alguien más a quien nos debemos otro poco.

Supongo que podría, después de todo, dejarlo todo y empezar de cero... Además hoy me ofrecieron trabajo y matrimonio. Hace tiempo que nadie en la ciudad me hace esas ofertas, quizás debería aceptarlas sin pensar mucho... por lo pronto no me he negado.

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Este debe ser un viaje de buen agüero, porque no recuerdo cual fue la última vez que fui al mar.

Hago yoga y toda la angustia de las horas pasadas se desvanece. Por fin siento el cansancio en los músculos de los brazos y en los huesos de la espalda. Casi todas las clases han sido en inglés y me gusta cuando mi maestra dice 'Feel the fire'. A pesar del cansancio, (o quizá debido a él) las últimas clases he sentido el fuego de mi intento fluir y arder en mi interior, y el agua de mi sudor escurrir y bañar mi exterior. Es delicioso estar haciendo una postura complicada  y sentir la brisa marina como un consuelo, como un soplido de Brahma.

Alcanzar posturas que antes me parecían imposibles se siente como un gran logro, una medalla en un camino de deméritos, se siente como un alivio.

Nunca había sentido mis piernas tan firmes y tan ancladas a la tierra como ahora. Quizás es un aviso de una nueva etapa, más centrada, en la que daré pasos y tomaré decisiones sin titubeos. Un pie delante de otro, enterrado en el suelo, y los brazos de Garuda extendidos al sol.

Cada Om es distinto, pero todos hacen uno.

domingo, 25 de agosto de 2013

Visit Sayulita V-bis (tardes sin medicina)

Hoy aprendí el mudra de la autoconfianza en yoga, y que Garuda era el ave que llevaba a los yoguis al paraíso. Fui una de esas yo misma, tuve una en mi cuerpo y quise que otra una viniera por mi. Me siento bien en las clases pero a veces dudo de estar haciendo  las cosas bien, sobre todo porque con el calor me cuesta más trabajo pero no me siento tan cansada como esperaría. Quizás es que entre el sol y la playa no me he enfriado por completo y el cansancio llegará como cubetada de sopa caliente cuando vuelva a la ciudad.

En la noche Sayulita me invade una sensación de soledad que no me es ajena y pienso por un segundo que extraño a mis amigos. Pero de inmediato me doy cuenta de que no, de que lo pienso por pensar cualquier cosa. La verdad es que no los extraño, no les imagino un lugar en este viaje que es mío, ni tengo tanto que contarles a mi vuelta que haga urgente verlos. La soledad que tengo la he tenido siempre, la misma que me hace pensar a veces que estoy afuera de todo  y que no solo estoy perdiendo la batalla contra mi cabeza sino que esa misma batalla no es más que una ilusión más, a través de la cual mi mente conserva el dominio.

Me pregunto si mi soledad es la de todos y responderme que si, no me consuela, al contrario, me asusta pensar que a mi me es tan difícil lidiar con algo que todos los demás dan por sentado: Que estamos solos en el espacio y el tiempo. O quizás es un gran secreto y solo yo lo se absolutamente cierto y por eso me abandono más que otros. Confieso que mi soledad es absurda porque aunque la siento no hay una persona de entre los míos que quisiera estuviera a mi lado en este momento, aunque quizás si hay algunas que quisiera estuvieran conmigo cuando regrese.

Me gustan los desconocidos sayulitecas, una sonrisa y el grito en bicicleta de 'turista' bastan por un momento. Quisiera que las personas en mi vida tuvieran siempre el mismo efecto pero a veces creo que tienen justo el contrario, o quizás solo soy yo que le doy a las voces de mi cabeza forma de personas cuando me gritan 'turista' 'extranjera' 'ajena'. Y así es como se que mi cabeza lleva la delantera una vez más. Debe ser eso, y quizás no extraño a mis amigos y no tenga algunos pero ¿a quien le estoy escribiendo esto si no...?


lunes, 19 de agosto de 2013

Visit Sayulita V

Bitácora del Capitán. Día 5.

El yoga en el calor es diferente y me gusta. Me siento más flexible aunque menos resitente (unas por otras I guess). Hoy me salió una postura que nunca había podido hacer, y después de eso pude repetirla una y otra vez como si me hubiera sido natural siempre. Dediqué la práctica de hoy igual que hice con mis meditaciones en el retiro con el Centro Budista. Me siento bien y huelo a peras, pero no deja de llover desde la madrugada y eso no me gusta nada. (Sigo esperando la buena noticia)


Un instructor de surf y remo (el menos agraciado de todos) me llevó a una bahía apartada donde no había nada más que piedras y pelícanos y después de decirme que soy bonita con el menor ingenio o tacto posibles me prometió amarme y cuidarme hasta la vejez. Me dieron ganas de creerle aunque fuera feo, pero sobre todo me dieron ganas de que cualquier otro de los instructores me dijera la misma mentira. 


Se me ocurrió un cuento, acerca de un pueblo (muy parecido a este) donde el verdadero negocio y el verdadero atractivo turístico fuera que los más sensuales surfistas sedujeran a las gringas promedio, claro, -sin que éstas supieran que todo era una estrategia mercantil- para que así se corriera la voz de que ese pueblo (muy parecido a este y quizás con el mismo nombre) era un lugar para enamorarse y mujeres de todo el globo vinieran con la esperanza de ser seducidas por un hombre marcado como mapa y dorado como pez. Y el sueño se cumpliría siempre  y el turismo seguiría  llegando y el dinero seguiría entrando y el rumor se seguiría esparciendo y Sayulita (que se llamara el pueblo) sería la tierra del amor disfrazado de fraude. 


Habría que rotar a los surfistas edecarnes para evitar encuentros incómodos o intentos de segundas visitas que concidieran con una nueva clientela y sobre todo para evitar el desgaste, porque  enamorar y enamorarse cada vez, sería tarea difícil. Pero bien llevado y con una matrona organizada a cargo, todo podría salir muy bien (quizás lo que se me ocurrió no fue un cuento, sino una empresa) 


El sol no sale, pero creo que nadaré de todos modos. 

jueves, 15 de agosto de 2013

Visit Sayulita IV-bis (paréntesis noctámbulo)

Tengo miedo de dormir. Cuando mis vigilias son tan buenas como han sido las últimas mis sueños son todo lo contrario. En cambio cuando he tenido mis peores depresiones (que novedad) sólo encuentro comodidad y consuelo cuando estoy dormida y mi inconsciente se esconde en fantasías.
Vivo dos vidas que se intercalan.
¿Es esta la salud mental?

lunes, 12 de agosto de 2013

Visit Sayulita IV

Bitácora del Capitán. Día 4.

Ayer hicimos ejercicios de yoga para abrir el corazón y me dolió todo el tiempo. Pero luego salí a pasear con el corazón abierto y sonreí involuntariamente y hablé con los desconocidos. El pueblo muere en la noche como si la gente le tuviera miedo a la oscuridad y ante cualquier amenaza de lluvia (ha habido varias pero inconclusas) la gente se guarda a esperar el escampado como en Cien años de soledad.

Terminé mi recorrido en el mar, para llenar mi sonrisa involuntaria de agua y de los rayos que se anunciaban a bastante distancia pero que aun así alcanzaban a iluminar la playa. (recuerdo que he visto una escena similar antes y sospecho que los rayos me persiguen).

En Vallarta conocí a un violonchelista andaluz, que se juntaba con el guitarrista del puerto a tocar en un restaurante del malecón, en un balcón que daba a la iglesia. Se conocieron porque el andaluz vino a dar un concierto y tocó a Bach en el violonchelo. Al final del evento el porteño se acercó a felicitar al músico extranjero. La felicitación más sentida (como él mismo la llamo) que le habían dado al violonchelista en su vida, viniendo de un hombre que toca  la guitarra sin afinar 'para que la música suene como es'.


viernes, 9 de agosto de 2013

Visit Sayulita III-bis (paréntesis en servilleta)

Hoy rodé una bici roja  y me sentí un poco como una traidora, sobre todo por lo bien que me sentí -a pesar del incómodo asiento y lo bajo del manubrio- de volverme a subir al caballo. La cosa es que este no es mi caballo. Treintatreinta, mi fiel compañera de diez años y a la que tanto le escribí, ya no está conmigo. Un robo azaroso o un mensaje cifrado más del universo a cerca de estos diez años (ya lo decía mi psiquiatra) que no he logrado explicarme.

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Mis piernas rojas arriando una bicicleta también roja. Imagino otra vida en la que mis piernas siempre están expuestas y camino por este pueblo en donde todos saben mi nombre.

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jueves, 8 de agosto de 2013

Visit Sayulita III

Bitácora del Capitán. Día 3.

Sayulita es mejor en las mañanas, hay mas ruido y más cosas que hacer. En las noches la gente parece tener prisa de guardarse y los locales cierran temprano, aunque quizás eso cambie ya avanzada la semana.

Estoy leyendo un libro que empecé hace 10 años exactamente y que abandone hace 9 años 11 meses y 3 semanas. Ahora, esos 9 años 11 meses y 3 semanas no dejan de aparecer aleatoriamente en mi mente como si hubiera un mensaje cifrado en ellos que no alcancé a entender. En el libro, en todo caso, no viene el código.

Después de un masaje me prohibieron salir a la playa (que es lo único que se puede hacer aquí). Así que regrese a mi hotel a dormir un sueño de belleza embarrada de aceites que me prohibieron quitarme (maravillosas prohibiciones de las vacaciones). Dormí horas y horas. Tengo que dejar de soñar estos sueños.

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El mes está por terminar y no recibo la llamada que cambiará mi vida. Hace diez años fui al mar con el mismo libro tropical bajo el brazo y tras unos días allí, ya había decidido quedarme para siempre (ya hasta tenía empleo y asilo). Pero precisamente una llamada me avisó que mi papá había tenido un accidente. En vista de que mi decisión le importó un comino a la realidad emprendí el regreso.

Ese verano (lo he dicho antes) viaje al mar esperando cambiar mi vida, pero la vida ya tenía planeado cambiar para mi de todos modos, de regreso en la ciudad. Uno supondría que aprendí mi lección. Pero no, héme aquí, en el mar, leyendo el mismo libro, esperando que una llamada me cambie la vida
y creyendo, de algún modo, que esta vez, será para bien.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Visit Sayulita II

Bitácora del Capitán. Día 2.

Todo es mejor después del yoga.

Paseando por el pueblo y hablando con desconocidos me doy cuenta de que Sayulita es un pueblo sin nativos (quizás los pocos que venden 'artesanías' en la playa). Los dueños y trabajadores de hoteles, restaurantes y tiendas de surf y souvenirs son la mayoría de fuera, gente de ciudades cercanas (o países lejanos) que vino aquí (supongo) huyendo del ritmo de vida que tenían para poner una palapa junto al mar y vender pescado frito, comidas vegetarianas y trajes de baño de neopreno. Quizás un día la ciudad  me enloquezca más de lo tolerable y huya aquí a ser instructora de yoga o a poner una librería decente.

Fui a la playa e hice 'stand up paddle', que justamente se trata de eso, de remar parado en una especie de tabla gigante de surf. Pienso que el 'remo de pie', como el yoga, es una forma de meditación activa; para mantenerte de pie y avanzando se requiere un equilibrio que sólo es posible si estás completamente en el presente, imbuido en el momento y atento a tu cuerpo. Como en el yoga, la postura ideal se siembra en tu cuerpo en el primer intento y crece hasta que logras el dominio. Remar en soledad es imponente y relajante. Alrededor sólo el agua.

Pienso que hasta ahora, nadie me ha besado como el mar (tampoco nadie me ha revolcado igual).


martes, 6 de agosto de 2013

Visit Sayulita I

Bitácora del Capitán. Día 1.

En el mar conocí a un chairo al que hace diez años le hubiera puesto casa. Hoy, en cambio, no podía más que preguntarme si había forma de lamer el meridiano de su espalda sin mucho compromiso.

Venía desde Mexicali, con rumbo al sureste (como todos los de su clase) y era percusionista; el deleite de verlo no compensaba el martirio de escucharlo y seguí mi camino. Después de todo vine a que el mar (chaira que fui) se lleve lo que queda del dolor, no a sentarme en un desconocido.

Luego de nadar un rato en la parte olvidada de la playa fui al área con gente, donde vi hombres con cuerpos marcados como mapas, dignos de Beverly Hills 90210 en sus buenos tiempos... Había viejas igual de buenas, por supuesto, así que concluí que no importa a donde vayamos, los mortales nos apareamos entre nosotros.

No tiene ni seis horas que llegué a Sayulita y mi piel ya se pone marrón, esperemos que siga por ese rumbo. Por ahora, la calma y un libro me esperan, luego iré a tirar mi dinero en cosas que solo podré usar la semana que esté aquí.



jueves, 20 de junio de 2013

El viaje solitario

Escuchar cantar a David Byrne me llena, tanto como me perfora, el corazón. No se que extraña virtud sea esa, y no se si atriburila a las habilidades de Byrne como cantante, o a las de mi corazón como cuenco.

Leerlo me causa lo mismo. Porque si, el señor, no contento con ser cantante, compositor, artista multimedia (sea lo que signifique) y activista, también escribe. Yo no sabía eso hasta el pasado Día del niño (si del niño), porque mi hermana mayor me regaló el  libro de "Diarios de Bicicleta", en el que Byrne justamente describe sus andanzas ciclistas en varias ciudades de Estados Unidos y capitales de Europa.

La primera conclusión a la que llegué a las pocas páginas, es que envidio con toda clase de amargura la vida de Byrne (aunque para despertar mi envidia no hace falta más que la foto de un pay en facebook). Pero es que ese señor vive las maravillas del cliché del artista, del rockstar y del sueño americano combinados todos en uno y encima anda en bicicleta por el mundo con la mochila al hombro y la brisa acariciándole el cabello y todo el numerito.

Interrumpo aquí para decir que en caso de que haya dejado de notarse: Yo Amo A David Byrne (pero ya me han dicho antes que tengo extrañas maneras de demostrar amor).

La segunda cosa que noté me tomó más tiempo y más lectura. No se si estaba más concentrada o fue una de esas revelaciones que llegan como un soplo de viento, pero ayer que leia en mi cama me cayó el veinte
David Byrne siempre está solo...
El viaje del ciclista, esencialmente, es un recorrido solitario

Esa es la impresión que me dejó su diario de reflexiones ciclicas, que entre trabajo y trabajo y gira y gira y cita y cita David Byrne pasa mucho tiempo solo. Y me regresé a ver los agradecimientos, que ya había leído antes, y en los que clarito menciona a su novia Cindy quien le hizo comentarios a sus textos y lo acompañó en 'algunos viajes', y a demás en el libro habla de amigos, socios, colegas y otra gente que lo acompaña en sus tours, o a la que es él quien visita. Pero la cosa es que este libro es el resultado de horas de soledad. De fascinante soledad. De refrescante soledad, en la que nadie dicta el recorrido, (y la necesidad de compartirlo queda quizás solventada al escribirlo). Ese libro es posible gracias a la libertad de pensamiento que solo surge cuando nos negamos a los otros y de los otros.

En un momento, el cantante se despierta en su autobús de gira en una gasolinera en la frontera con Canadá y (como cualquiera de nosotros haría) se sube a su bicicleta y pedalea hasta llegar a las cataratas del Niágara. Y leyendo eso, llegue a la conclusión de que David Byrne tamién es un Shandy, esas criaturas que llevan a la vez nombre de cerveza y de personaje literario, y que Vila-Mata define como 'nómadas capaces de funcionar como una maquina soltera'.Esos seres musicales capaces de hacer arte portátil y de ser portátiles ellos mismos.

Y entonces pensé en mi (porque claro que este post se trata de mi, como todos los posts de este blog, no se confundan, ¿o de verdad creían que me iba a poner a hacer una reseña del libro?)

pero bueno, les decía
Entonces pensé en mi y en mi bicicleta (que se llama 30-30 como el caballo del vaquero itnergaláctico Bravestar) y en como si bien andar en bici ha sido en muchas ocasiones una actividad compartida:

* Germán jugando a Ben-Hur con las ruedas de la bicicleta, gritando "Romanoooos" tratando de tirarme en l terracería camino a casa de mis papás

* Los domingos en Reforma con Emilio, hacia la villa, o el centro, o mis intentos fallidos de hacer el ciclotón completo, en lo que él decidió llamar 'Las crónicas ciclotónicas'

* Ricardo cayéndose en cámara lenta en el Monumento a la Revolución después de tomarnos unas 'lagartijas' en lo que me tomaré la libertad de llamar ahora 'nuestra cantina'

* Mi papá diciéndome que no baje el pie, que no me caigo, que el equilibrio... mi papá cargando mi bicicleta azul de cuando era niña en la que, luego de mi, una generación entera ha aprendido a andar en bici... mi papá y, de no ser por él, de niña yo sólo habría leído y que horrible hubiera sido eso...mi papá diciéndome que el equilibrio y la bicicleta
...
Si bien andar en bici ha sido en muchas ocasiones una actividad compartida, siempre he pensado que su único defecto como medio de transporte (no como medio recreativo, como medio de transporte) es que no es una actividad social, a diferencia del car pool o el transprote colectivo, en la que estamos obligados a la convivencia (quizás no lo estoy viendo bien y este defecto sea más bien una virtud).

Y me acuerdo de una vez en que íbamos todos en el carro de Cristián 'la pelirroja' (ese era el apodo del auto no de Cristián) y cantábamos a los Doors, y pienso en todo lo social que tiene este acto, escuchar música en un sitio confinado, y en como en la bicicleta esto sería imposible. Ya violeta me ha regañado varias veces por usar audífonos mientras ruedo.
-¿Tu no escuchas música cuando vas en carro?
- Cuando voy en carro yo no soy mi propia carrocería

Pero ha sido así, con mis audífonos y en soledad, que he recorrido la calle que une Universidad con Revolución donde las jacarandas riegan el suelo hasta hacer una alfombra morada y donde he cantado a gritos 'Dont stop me now' frente a un semáforo ambar bajo la lluvia.

El del ciclista es, esencialmente, un viaje solitario 'introspectivo' le dice Byrne, y si, (juro que ya lo había pensado antes de que Byrne lo escribiera) es un recorrido por los recovecos de nuestra mente a través de los vericuetos de la ciudad. Una raza invisible (más visible y más abundante de un par de años para acá), el ciclista es, en toda la extensión,de la palabra, una 'máquina soltera', un viajero solitario, un poco intruso y un poco forajido, ¡un forajido les digo!... ninguna moda podrá quitarnos eso






sábado, 1 de junio de 2013

Inventario brevisimo

Erik era mitad gringo y nos gustaba a todas. Pero a mi más. A él le gustaba la niña mitad francesa del salón y yo no entendía porque no podía gustarle yo que total era mitad rusa. La mujer con la que se casó es una de las pocas a las que consideré excepcionales en el pueblo, pero también ellos se divorciaron y hace muchos años que no escucho ni sus nombres. Luego estuvo Jorge, y sus ojos no pueden ser ni remotamente tan bellos como yo los recuerdo pero no me importa. Le dije que me gustaba más de una vez y siempre como si cualquier cosa, como si pásame la sal, como si que le dijo una avioneta a otra avioneta. Pensaba que eso me separaba de las demás niñas. Pero a él no le tengo reclamos, él me enseñó a Olallo Rubio y a Fernando Delgadillo. También me quiso enseñar a Dios. En la secundaria fue Jesús que iba conmigo en el transporte de la escuela y siempre decía lo que pensaba. Era voluntario en la cruz roja y yo iba todos los años al desfile que hacían en el pueblo el 15 de septiembre, solo para verlo. No me rompió el corazón que fuera una jotaza irredenta, sino que el supiera que me gustaba por voz de una supuesta amiga, y se riera de su hazaña debajo de las gradas con los de la prepa. En MI prepa me enamoré intermitentemente de Pablo y Alois que más de una vez fueron en mi mente la misma persona. En la universidad el primero fue Cristian, Cristian y su estúpido gorrito y sus demasiados puntos suspensivos. Fue una mala idea Cristián.

Y hoy, hoy primero de junio del 2013 estoy otra vez soberanamente jodida
y no hay a donde escapar

viernes, 31 de mayo de 2013

Tenemos 30 años

        Para Samuel Arroyo y Cintia Rosales, mis amigos adultos

Le dije a Pachón que no mamara, que ya no estábamos para andarnos juntando con adolescentes, cuando me dijo que las nuevas adquisiciones de "la banda" tenían 18 años y eran estudiantes de nuevo ingreso de la facultad. "Pubertas" así les dije, y Pachón me dijo que no tenemos 30, que tenemos 29 y yo le dije que daba lo mismo y él dijo que no era para tanto. Pero a mi si se me hizo "para tanto" cuando terminé toda la fiesta hablando con uno de los pocos hombres que mis amigos habían invitado y resultó ser alumno de uno de mis mejores amigos. Y por supuesto que ellos no nos ven como "la banda", más como adultos mal logrados que sacan la casa para la fiesta. (de menos ya no vivo en un cuarto de azotea)

Lo de menos es que tengamos 30 y no tengamos hijos y tengamos empleos mal pagados y sin futuro, la sociedad nos perdona porque estudiamos literatura y decimos  por favor y gracias, y contribuimos a la sociedad un salario minimo a la vez, y aprendimos la lección. La cosa es que esto no era lo que esperabamos. Pensabamos que a estas alturas ibamos a estar en europa eligiendo el queso más azul y hediondo de nuestra charola de quesos azules y hediondos y bebiendo vino y burlándonos de nuestros antepasados, mientras escribíamos la novela que habría de cambiar al mundo. Pero quien iba a decir que el mundo no puede ser cambiado y que Europa se iba a volver la cuna de la desgracia económica y escapar al "Viejo Continente" se iba a volver tan difícil como indeseable.

Todo eso me hubiera gustado decirle a la señora que hace el aseo en la oficina el otro día, en el baño, cuando me preguntó que porque no me he casado. Así de huevos me dejó ir la pregunta, mientras yo acomodaba las nalgas en la taza y ella ponía jaboncitos en los lavabos. Yo traté de decirle con toda la convicción del mundo que porque eso no me interesa, que yo todavía tengo que escribir la novela que cambiará al mundo y vivir en otros países, pero na más le dije algo así como ¿y yo porqué? mientras ella me soltaba la letanía de como voy a morir sola y obesa, carcomida por los roedores.

¿Cómo iba explicarle yo a la señora que no? que yo nací para el aplauso, si yo no me casé (porque al parecer la cosa es así 'ya no me casé') es porque desde los quince años yo dije que no quería ni esposo ni hijos pero que lo que yo quería decir, sobre todo, era que no quería conformismos, y que me negaba rotundamente a tener un amor común y dominguero. Yo quería un amor extraordinario e intercontinental, como el de Beauvoir y Satre (aunque yo no había leído ni he leído ni quizás lea nunca a Beavoir y Satre), un amor como el de mi madre y mi padre biológico separados por el socialismo ¿o fue el capitalismo?. Un amor que hiciera a todos los demás creer en el amor pero sobre todo morir de envidia.

Pero no le dije nada de eso, no porque yo estuviera en el escusado y tuviera mucha prisa, sino porque cada día me creo más eso de que mi departamento bien ubicado no servirá más que de mi tumba, y de que mis mascotas se pelearan mi carne por no haberla endosado cuando tuve oportunidad. Y aunque quiero creer que he amado hombres extraordinarios, a mis 30 años no ha habido uno que no me haya dado alivio dejar o que me dejara... Así que a lo mejor eso que yo buscaba no existe, o era pedir demasiado, y lo más extraordinario a lo que puede aspirar uno es a un hombre que llegue a las siete y cuarto cuando dice que va a llegar a las siete y cuarto.

Así que tenemos 30 años y no estamos casados, y no tenemos hijos, y no escribimos la novela que cambiaría al mundo, o quizás si la escribimos y se pudre en los anales de la literatura independiente para que otros como nosotros la leamos y digamos 'si hay esperanza' 'no hay esperanza' 'yo lo pude haber escrito'. O quizás para que otros, como nosotros, pero más jóvenes, la encuentren y caigan en la trampa.

Mientras tanto a nosotros nos quedan los jueves de dominó y los viernes de quincena, y seguir adelante mientras todavía pensamos en secreto que somos mejores que todo esto, que nosotros si estamos predestinados al trinfo, y que si bien viene más lento de lo esperado, viene todavía y llegará el día menos pensado a nuestro encuentro.