domingo, 13 de septiembre de 2009

Cosa de niños

Cuando era niña me daba angustia jugar a las escondidas. Me provocaba una infinita aprensión que me encontraran primero y luego ser yo la que tuviera que buscarlos a todos. Encerrada en mi escondite, echa bolita seguramente, me imaginaba sola, en el pasillo de la guarderia, buscando sin éxito a alguno de mis compañeros de juego durante un tiempo eternamente prolongado. Luego, desde mi refugio, escuchaba que habían encontrado a alguien antes que a mi, por esta vez, estaba a salvo...

También me sentía incómoda jugando "stop", me daba miedo que me vieran correr, que se rieran, que fuera mi país asignado el que nombraran y yo en mi angustia echara a correr sin darme cuenta, o que fuera otro país al que le tocara gritar "stop" y yo en mi carrera fuera incapaz de oírlo y siguiera corriendo por el patio de la escuela ante las burlas y el desconcierto de los demás niños.

Seguro también me daban miedo las coleadas, estar en medio, daba igual estar al último y a lo mejor caerse, pero estar en medio, tener la enorme responsabilidad de sujetar fuerte la mano de otro, de un niño sudoroso, porque si lo soltaba se desprendería la mitad de la víbora y el juego estaría arruinado, y todos sabrían que fue por mi culpa.

Luego me pondría a llorar, eso sería lo más terrible, porque entonces los demás niños sabrían el terror que me provocaban nuestros juegos infantiles.

Quizás nunca dejé de vivir con miedo y ahora que "soy grande" y juego a la casita con mis amiguitos, y a la parejita y al doctor, ahora que juego el juego del taller literario, la revista independiente y el congreso nacional, ahora que todos esos juegos se mezclan y se intercambian, y la casa es la revista y los amigos el congreso, y la pareja es el doctor, ahora que tiro los dados o salto la cuerda, o aumento la apuesta, o pierdo al dominó, hoy que empiezo una nueva partida, que pierdo una mano, que necesito las dos,
sigo pasando las noches insomne temblando de miedo, llorando de angustia, repasando las reglas de este juego mierdero
cuyo objetivo ignoro
en el que todos saben reír
menos yo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Claro que sabes reìr!

Ufa, eso de las escondidillas era todo un evento. LA emociòn suscitada en ese juego creo que es difìcil de encontrar no sòlo en otro juego, sino en otra situaciòn de la vida. Raro.

¿Alguien recuerda cómo se juagab 1,2,3 calabaza? Yo recuerdo el nombre, que era algo de correr y de congelarse o algo así. No sé.

Bioy.

Mar Koan dijo...

jugar para vivir

Vicente Sánchez ·Compló· dijo...

para saber reir hay que saber perder


...

de verdad me sonó a rola de mariachi